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Estamos en capilla. Dentro de nada llega la noche de Halloween y, con independencia de que no sepas muy bien qué es eso del ‘truco o trato’ o por qué medio mundo se viste de zombi, bruja, bruja-zombi o personaje famoso convertido en bruja-zombi, de lo que no podrás escapar es a la proliferación de calabazas en tu ciudad. Seguro que ya las has visto decorando los escaparates de todo tipo de establecimientos (entre ellos, también alguna frutería, jeje).  Sin duda, la calabaza, en sus mas de 200 variantes, es una de las hortalizas más decorativas que existen pero es mucho más que eso.  Te contamos cinco cualidades de la calabaza que hemos aprendido de mercado en mercado (y, de postre, toda la ‘verdad’ sobre su relación con Halloween).

1. Empecemos por lo obvio. La calabaza es una hortaliza (conviene aclararlo porque, como curcubitácea, está emparentada con el melón y la sandía). Cuando comenzó a cultivarse -los primeros vestigios se sitúan en el actual México hace unos 8.000 años- , interesaban sus pipas más que su carne. Solo cuando se amplió el cultivo a más especies se empezó a apreciar la pulpa y su característico dulzor. Las clásicas -esas calabazas naranjas, dulces y de piel gruesas- forman parte del grupo de calabazas de invierno. Y es que también hay calabazas de verano: que se lo digan al calabacín y a las riquísimas flores de calabaza.

2. Que no te engañe su apariencia. Una de las cualidades de la calabaza es que son fundamentalmente agua. Tienen poco contenido en hidratos de carbono y casi nada de grasa ¿Conclusión? Es un alimento con escaso aporte calórico.

3.  No hace falta explicar lo importante que es tomar fibra (ya se encargan de ello los anuncios de yogures). La calabaza es una buena forma de devolver la sonrisa a tu barriga ¿es así como se dice? 😉

4.  Las vitaminas son otras cualidades de la calabaza es rica en vitaminas A y, por tanto, es buena para la visión, el estado de la piel y el cabello, y ayuda al sistema inmunológico. También tiene vitamina C,  otras vitaminas del grupo B  y calcio, entre otros componentes. Y por el mismo precio.

5. Lo más pesado de preparar una calabaza de invierno es pelarla pero, te lo aseguramos, es fácil pillarle el tranquillo. A partir de ahí, las posibilidades de servirla son miles: crudas, asadas, a la plancha, cocidas… Te puedes marcar un menú completo desde el entrante hasta el postre con calabazas de invierno ¿Has probado el flan o la tarta de calabaza? ¿O mezclarla con pasta? ¿O hacer chips? O paramos, o me lanzo a la nevera.

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Esto es una crème brûlée de calabaza que se ha currado la científica ambiental y cocinera en ratos libres Emily C en Food52 

(El postre) ¿Por qué la calabaza se asocia a Halloween? Todo parece venir de la costumbre británica (que no estadounidense) de vaciar vegetales y convertirlos en linterna, aunque en Reino Unido son más de hacerlo con nabos. Los nativos americanos encontraron en la calabaza una hortaliza más grande y vistosa para sus decoraciones. Al parecer, las linternas calabaza inicialmente se asociaban con la temporada de cosecha en general. Su vínculo con Halloween, las brujas, los zombis y demás comenzó a popularizarse a principios del siglo XX. La leyenda detrás de su uso se debe a un irlandés de malvivir y gusto por el alcohol llamado Jack. Cuenta el cuento que, cuando Satán fue en su busca para bajarlo al averno, Jack le rogó una última visita al pub. La cosa se complicó y Satán acabó convertido en moneda de plata e intercambiando su libertad por 10 años más de vida para el avispado Jack. La historia de los engaños de Jack a Lucifer sigue con infinidad de versiones pero todas acaban igual: al final, el estilo de vida de Jack pudo con él y murió. Cuando se presentó en las puertas del Cielo, le leyeron la cartilla y le mandaron camino del infierno, donde Satán -en cumplimiento de sus promesas- no podía darle plaza. Así que el pobre Jack se vio condenado a vagar entre el bien y el mal o, lo que es lo mismo, por aquí. Para alumbrarse en el camino, Jack se sirve de un ascua del  averno que metió convenientemente en… un nabo. O bueno, una calabaza… según quien te cuente la historia.