Sí, elegir un sitio u otro para comer es también elegir comprometerse o no. Venir a La Francachela no solo es comer rico y pasar un buen rato con los amigos (que por descontado): también es comprometerse con una producción y un consumo sostenibles. En La Francachela trabajamos con productores que miman el producto y se empeñan, como nosotras, en minimizar el impacto de sus procesos de producción en el medio ambiente. Aquí te lo contamos.

Huevos Redondo. Gallinas cuidadas, huevos deliciosos. Los hermanos Redondo han mantenido el espíritu de su padre, que inició el negocio allá por 1956. Tienen ya tres granjas en Ávila y una en León. Su éxito -sus huevos están en los mejores restaurantes de nuestro país- se basa en un principio: el bienestar animal. “Llevamos años apostando por una tecnología que mime a nuestras gallinas”, explican. Las gallinas tienen espacio de sobra para moverse, tanto en el interior como en el exterior, los mejores piensos y agua de los manantiales de la sierra de Ávila… Así, con el máximo cuidado del animal y en el proceso de selección, los huevos Redondo son de una calidad única. Y por eso, nuestras tortillas te recordarán a las que hacía tu abuela.

La Hornera. Pan artesano elaborado con harinas integrales molidas en piedra y larga fermentación. En La Hornera lo tienen claro: tan importante es realizar un producto que resulte saludable como preocuparse por el entorno. Por eso, sus productos son de comercio justo, artesanos y ecológicos. Puedes aprender con ellos los procesos de fermentación para transformar la harina en un alimento complejo y muy nutritivo, en sus talleres. Y probar en La Francachela sus panes tiernos y llenos de sabor. Están reconocidos entre los mejores obradores artesanos del país.

Panes y Planes. Panes sin gluten y sin lactosa, sabrosos y saludables. Recuperar el sabor del pan de antes y la bollería con productos naturales fue el objetivo que lanzó a este equipo a poner en marcha su horno. Hornean a diario y consiguen preservar el producto y evitar contaminaciones cruzadas realizando solo productos sin gluten y sin lactosa. Crean sus propias mezclas de harinas manteniendo un riguroso equilibrio de sabor y calidad. Las personas celíacas pueden disfrutar, así, de un pan y unos bollos exquisitos sin riesgos. Pero lo mejor es que, si no eres celíaca, te va a encantar igual.

Los Combos. Lácteos elaborados a partir de leche fresca, 100% naturales. Esta granja madrileña comenzó su andadura vendiendo leche a granel en 1945. Importaron 65 cabezas de ganado desde Canadá en 1975, a las que fueron sumando más y más. Años después ampliaron su línea de negocio con la elaboración de yogur hecho solo a partir de leche fresca, con la ayuda de un maestro yogurtero italiano que diseñó una receta única y exclusiva para su granja, mediante el sistema de ultrafiltración. Gracias a este proceso no son aditivos para conseguir una deliciosa textura cremosa.

Kombucha Komvida. El refresco milenario ecológico o el sueño de Nuria y Bea. De viaje por California, Bea descubrió esta bebida que nació en Asia hace miles de años y se hizo famosa en los 80 del siglo pasado entre los surferos de la costa californiana. Se obtiene a partir de cuatro ingredientes: té verde, scoby, agua y azúcar de caña, y es el resultado de la fermentación de té verde y azúcar, gracias al scoby, que técnicamente es una simbiosis de bacterias y levaduras que consume el azúcar prácticamente en su totalidad, produciendo una bebida de delicadas burbujas naturales y un sabor sorprendente. Nuria y Bea se pusieron manos a la obra, y así, desde el pequeño pueblo de Fregenal de la Sierra llega Komvida, la mejor kombucha del mundo, según nuestros expertos catadores (como tú ;-)).

Y ya sabes que en La Francachela tenemos bebidas caseras: limonada, pomelada o té de flor de hibiscus, sin envases y elaboradas solo con productos naturales. Y que no tenemos botellas de plástico y solo servimos agua del grifo, como recomiendan organizaciones como Ecologistas en Acción y Red Agua Pública de Madrid (que iniciaron la campaña #aguadelgrifoporfavor) e instituciones como el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. ¿Por qué? Porque así eliminamos microplásticos y transporte y, por tanto, generamos menos impacto en el medio ambiente.

Así que, sí, elegir un restaurante u otro también es una cuestión de compromiso. Y si vienes a La Francachela, el compromiso es cuidarte tú y cuidar el entorno.